Entrevista a Fernando Tirado, de DLL.

Desde el departamento de comunicación de ANESE, este mes hablamos con Fernando Tirado, responsable comercial Iberia en Energy Transition en DLL.

  • Fernando Tirado habla del principal cuello de botella financiero en España para acelerar la transición energética: «Más que una falta de dinero, hay un problema de encaje financiero. Muchos proyectos energéticos tienen sentido a medio plazo, pero se evalúan con criterios de retorno muy cortos y compiten directamente con el CAPEX del negocio principal».

  • Igualmente subraya la importancia de DLL a la hora de aportar especialización en la financiación de activos. «Trabajamos muy integrados con fabricantes e instaladores para que la financiación forme parte de la solución desde el inicio».

¿Cuál diría que es hoy el principal cuello de botella financiero para acelerar la transición energética en España?
Más que una falta de dinero, hay un problema de encaje financiero. Muchos proyectos energéticos tienen sentido a medio plazo, pero se evalúan con criterios de retorno muy cortos y compiten directamente con el CAPEX del negocio principal.
El resultado es que, aunque el proyecto sea rentable, no se aprueba. La clave está en cambiar la estructura: cuando conviertes la inversión en una cuota alineada con el ahorro o la generación —como permiten modelos de leasing o renting—, el proyecto deja de ser un consumo de caja y pasa a ser una decisión financiera eficiente.

¿Qué tipo de proyectos energéticos encuentra más difíciles de financiar en el mercado español?
Sobre todo, aquellos donde el retorno es menos predecible o más complejo de estructurar. El almacenamiento es el mejor ejemplo: tiene un enorme potencial, pero depende de mercados todavía en desarrollo.
También cuesta financiar el proyecto pequeño y distribuido, especialmente en pymes. Ahí es donde los modelos integrados con el instalador y soluciones estandarizadas de financiación marcan la diferencia, porque permiten escalar este tipo de proyectos con agilidad.

¿Ve que las compañías están tratando la energía como un gasto o como un activo estratégico?
Está empezando a cambiar, pero todavía predomina la visión de coste. Sin embargo, cada vez más empresas entienden que la energía impacta directamente en su competitividad y en la continuidad de negocio.
Cuando además pueden estructurarla como una cuota operativa, sin consumir CAPEX, el cambio de mentalidad se acelera: deja de ser una inversión que compite internamente y pasa a integrarse en la estrategia.

«Para autoconsumo, eficiencia energética y movilidad eléctrica, lo que más está creciendo es el leasing y el renting con servicio».

¿Qué estructuras están usando más las empresas para financiar su propia producción energética?
Para autoconsumo, eficiencia energética y movilidad eléctrica, lo que más está creciendo es el leasing y el renting con servicio.
Son modelos que funcionan bien porque:
• Evitan el desembolso inicial.
• Permiten adaptar los pagos al flujo de caja.
• Y, en muchos casos, simplifican la gestión técnica del activo.
El project finance sigue teniendo su espacio, pero en grandes activos. La transición energética distribuida —que es donde está gran parte del crecimiento— necesita estructuras más ágiles y replicables.

¿Qué sectores están moviéndose con más rapidez en este tipo de inversión?
Industria intensiva en consumo energético, especialmente con perfiles de demanda diurna, como agroalimentario, frío industrial o automoción. También logística y retail, por disponibilidad de espacio y estabilidad de consumo.
En todos estos casos hay algo en común: un ahorro claro y predecible, que es precisamente lo que hace que los proyectos sean financiables bajo estructuras como leasing o renting.

¿Cómo está cambiando el análisis de riesgo en estos proyectos?
Cada vez se mira más el activo y menos solo el balance.
Importa la tecnología, las garantías del fabricante, el mantenimiento, el rendimiento esperado… En definitiva, entender cómo va a comportarse ese activo a lo largo del tiempo.
Este cambio es fundamental, porque permite financiar proyectos que antes no encajaban en los modelos tradicionales, especialmente en tecnologías más nuevas como baterías o soluciones avanzadas de eficiencia.

Las subvenciones públicas han sido importantes. ¿Qué papel real están jugando?
Han sido un impulso importante, pero no son suficientes para sostener el ritmo de inversión que se necesita.
Además, tienen un efecto secundario: cuando el mercado depende de ellas, se generan parones entre convocatorias. La transición energética, en cambio, requiere continuidad.
Por eso, cada vez es más evidente que el crecimiento sostenido vendrá de modelos de financiación privada, con la subvención como complemento.

¿Dónde ve el mayor “gap” hoy en el mercado?
En poder financiar proyectos de forma completa, rápida y sin consumir balance del cliente.
Muchas empresas tienen proyectos viables, pero no quieren —o no pueden— dedicarles capital propio o líneas bancarias. Cubrir ese espacio con financiación estructurada y especializada es clave para desbloquear volumen.

«Modelos como el leasing o el renting integrados en la oferta del instalador funcionan especialmente bien, porque eliminan fricción: el cliente no tiene que buscar financiación, sino que la recibe junto con la solución energética».

¿Qué alternativas privadas están funcionando mejor?
Las que simplifican la decisión para el cliente final.
Modelos como el leasing o el renting integrados en la oferta del instalador funcionan especialmente bien, porque eliminan fricción: el cliente no tiene que buscar financiación, sino que la recibe junto con la solución energética.
Cuando además los pagos están alineados con el ahorro o el uso, la barrera de entrada prácticamente desaparece.

¿Qué combinación de instrumentos financieros sería la más eficiente?
Una combinación equilibrada:
• Ayuda pública cuando exista.
• Financiación a plazos fijos que maximicen la inversión.
• Y un contrato de servicio que garantice rendimiento.
Es un modelo menos dependiente de subvenciones y mucho más escalable, porque permite repetir proyectos de forma sistemática.

¿Están las empresas preparadas para integrar esta transición energética en su planificación financiera?
Las grandes empresas, en general sí. Pero en la mediana empresa aún se decide proyecto a proyecto, de forma más reactiva.
Ahí hay un recorrido importante: cuando la energía se planifica como cualquier otra inversión estratégica, la financiación deja de ser un problema y pasa a ser una herramienta.

¿Qué soluciones financieras deberían ganar más protagonismo?
Aquellas que reducen la complejidad para el cliente, con cuotas fijas y predecibles, y sin riesgo. Las estructuras de leasing y renting encajan perfectamente dentro de estos parámetros.
El mercado va hacia soluciones donde la decisión técnica y la financiera van de la mano.

¿Qué rol puede jugar una entidad como DLL en este contexto?
Aportar precisamente esa especialización en financiación de activos.
Trabajamos muy integrados con fabricantes e instaladores para que la financiación forme parte de la solución desde el inicio. Eso permite acelerar ventas y facilitar que el cliente adopte nuevas tecnologías sin necesidad de descapitalizarse.
Además, el conocimiento del activo —no solo del cliente— es clave para poder financiar tecnologías emergentes con confianza.

Si tuviera que resumir en una frase qué necesita España para financiar mejor su transición energética…
Menos dependencia de subvenciones y más acceso a financiación estructurada, disponible de forma continua y adaptada al activo energético.

¿Qué mensaje daría a una empresa que duda por el impacto financiero?
Que no tiene que elegir entre invertir y preservar caja.
Hoy existen estructuras que permiten que el propio ahorro energético pague la inversión. La pregunta no es si puedes permitírtelo, sino cuánto te cuesta no hacerlo.

¿Qué tendencia marcará 2026?
El almacenamiento energético.
El interés está creciendo muy rápido, pero el reto será encontrar las estructuras financieras adecuadas para activos cuyo retorno depende cada vez más del mercado. Quien consiga resolver esa ecuación tendrá un papel clave en la aceleración de la transición energética.